El pasado lunes 24 de enero fui objeto de un homenaje, por parte de la Academia de Ciencias e Ingenierías de Lanzarote, por lo que ellos consideraban mi sensibilidad científico-cultural durante mi quehacer político. En dicho homenaje pronuncié unas palabras de agradecimiento. Voy a reproducirlas tal y como las leí ese día. En primer lugar porque en mi intervención rompo un lanza a favor del Profesor Francisco González de Posada, tan denostado e incomprendido por muchos y que pese a las dificultades (cuando no oposición) que se le han puesto mantiene viva la llama de la cultura científica (en este sentido recomiendo que lean el discurso que pronunció el profesor en ese acto, con algunas partes durísimas para con muchos de los integrantes de la clase política local). Otra de las razones por las que reproduzco mi discurso es que muchos amigos que no acudieron al acto me lo han pedido. Por último porque recoge mis reflexiones sobre la sociedad actual a la que considero acientífica en un gran porcentaje, con lo que ello implica: estar al margen de los avances y descubrimientos de las ciencias físico-naturales.
Discurso:
Quiero en primer lugar mostrar mi agradecimiento por este homenaje que se me hace en el día de hoy. Suele decirse de manera retórica por parte del homenajeado que no se lo merece, y yo no voy a ser menos. Si miro hacia atrás pienso que solo he tratado de cumplir con la obligación de todo responsable político de promover y facilitar el acceso a la cultura de sus administrados y, créanme si les digo que vistas las dificultades por las que pasa la cultura en la isla, tengo la sensación de no haber hecho lo suficiente en este campo. La llegada del profesor González de Posada a Lanzarote ha sido providencial, pues en la isla el desarrollo desbocado, como consecuencia de su éxito turístico, no ha ido acompañado de un esfuerzo por elevar el nivel cultural de su población; no solo porque es éticamente exigible sino también porque solo una ciudadanía con mentalidad moderna y culturalmente pertrechada, es capaz de asimilar y encausar los cambios vertiginosos a los que ha sido sometida Lanzarote. Naturalmente hay honrosas excepciones, muchas individuales y otras organizadas pero todos han tenido y tienen muchas dificultades para sobrevivir. Parece que a determinados “poderes” no les conviene (y no les falta razón desde su punto de vista) una población culta, racional y critica, pues sin duda es más difícil de manipular. Yo diría incluso que en la actualidad se está pasando por los peores momentos y hoy lo que priva es el populismo y lo ramplón, con gran parte de nuestra clase política carente de amplitud de miras y más pendientes de dar a la población “pan y circo” antes que una verdadera formación cívica.
Bien, pues todas estas dificultades y muchas más las ha sufrido el profesor González de Posada. Solo a su entusiasmo y capacidad de trabajo se debe que estemos hoy aquí celebrando este acto. Permítanme, en este foro, una reflexión general sobre la cultura, o mejor dicho, sobre lo que ha dado en llamarse las dos culturas: la científica y la humanística. Es un hecho general que casi siempre ambas se ignoran, cuando no se contraponen. En nuestro país hasta hace bien poco una de ellas, la científica, simplemente no existía, o peor aún, era rechazada. Nuestro país, pródigo en figuras literarias y artísticas, ha estado al margen de la ciencia (naturalmente que hay excepciones que confirman la regla). Solo, hace algo más de un siglo y con el proceso modernizador que arranca de 1898, comienzan a parecer las primeras contribuciones a la Ciencia. Quiero hacer aquí un inciso para destacar la labor de González de Posada de poner en valor, en todo el país, a quienes han sido pioneros en el quehacer científico español, figuras como Enrique Moles, Arturo Duperier, nuestro propio Blas Cabrera y tantos otros, son hoy más conocidos y reconocidos gracias a su trabajo. Pero continuemos con la línea argumental, después de los esperanzadores inicios en el primer tercio del siglo XX, la guerra Civil y la dictadura posterior, frenaron el impulso inicial y solo en las últimas décadas podemos sentirnos satisfechos de que por fin la contribución española a la ciencia comienza a ser aceptable. ¿Cuáles son las razones por las que en España la ciencia ha sido marginal? Sin duda son muchas y variadas: por un lado la permanente influencia negativa de la Iglesia, por otro el desgaste de un país volcado en la acción militar que supuso el impero y la aventura americana, hasta la posterior decadencia y pobreza que culminó en el nefasto siglo XIX.
Y digo todo esto porque reivindico la necesidad de ampliar no solo la Ciencia con mayúscula, sino también la formación científica de nuestra población. Sé que puede parecer pretencioso viniendo de una persona como yo; pero quisiera hacerles notar como gran parte de la población, incluso la formada, se encuentra incapacitada para acceder a la belleza que las Matemáticas y las ciencias Físico-naturales contienen. Toda persona con sensibilidad es capaz de conmoverse ante un soneto de Garcilaso, Shakespeare o Miguel Hernández, pero pocos pueden apreciar y conmoverse ante las leyes de Newton, las ecuaciones de Maxwell o teorema de Gödel. Si supieran lo que se pierden, las vocaciones científicas serían bastante más numerosas de lo que son en estos momentos.
Pero es que también reivindico para la política la necesidad de la cultura científica, la menos dogmática y la más racional. La política está copada, en líneas generales, por personas del derecho, la economía y las humanidades y no nos va del todo bien*. Naturalmente no estoy defendiendo un gobierno formado por hombres de la ciencia, a la manera como Platón quería un gobierno de sabios, pues seguramente sería peor de lo que ahora existe, pero sí creo que mayor presencia de personas de la cultura científica acostumbrados a colaborar entre sí, racionales y carentes de dogmatismos, mejorarían nuestra manera de entender el mundo y a la postre de hacer política**.
Una vez he confesado mi opinión respecto a la ciencia, entenderán por qué apoyé al profesor González de Posada en su afán por reivindicar a don Blas Cabrera y en los cursos de verano, que permitían a los lanzaroteños sin salir fuera entrar en contacto con persona de primerísimo nivel del mundo universitario***. La Ciencia es algo maravilloso. En estos momentos la cosmología y las ciencias de la vida, viven avances espectaculares y apasionantes, mi deseo es que muchos conejeros se imbuyan de esta pasión y que ustedes señores miembros de la academia contribuyan a ello.
Termino reiterando mi agradecimiento por el homenaje, pero sobre todo mi agradecimiento a González de Posada y a Dominga Trujillo por el esfuerzo que han hecho y siguen haciendo, contra viento y marea, por conservar viva la llama de la cultura y de la cultura científica en particular. Lanzarote en estos momentos no esta nada bien, pero estoy seguro que sin la presencia de ambos la isla estaría peor MUCHAS GRACIAS.
* Aunque sea una maldad aquí cabría recordar a Sancho Rof con su bichito, que si se caía se mataba; a Rajoy citando a su primo (y no el de Zumosol); o al algo más que primo de Rajoy, con sus disparates y para colmo nombrado ahora en EE.UU. presidente de no sé qué comisión para el cambio climático (que le señor nos coja confesados).
** Hay algunas excepciones y para mi satisfacción, políticos brillantes (estemos o no de acuerdo con ellos): Miguel Boyer (físico), Javier Solana (físico), Alfredo Pérez Rubalcaba (químico). Aunque no venga al caso he de mencionar que el maestro de periodistas Miguel Ángel Aguilar es físico.
*** Yo mismo puedo dar fe del nivel de sus profesores pues acudí a un curso dado por el eminente profesor de fundamentos de matemáticas y lógica don José Fernández Prida.