lunes, 23 de enero de 2012

Congreso del PSOE, Rubalca vs Chacón

Ahora que no detento ninguna responsabilidad institucional ni orgánica dentro del PSOE, me veo mas libre para reflexionar sobre mi partido (seguramente con la idea pretenciosa de que pueda influir sobre algunos militantes) y su próximo congreso, y lo que es mas importante, su futuro en los años venideros.
            Naturalmente, cualquier reflexión debe tener en cuenta, los dos últimos batacazos electorales que hemos sufrido. Parto de la base de que además de las circunstancias externas generadas por la profunda crisis económica que vivimos, alguna cosa habremos hecho mal, para sufrir tanto castigo (merecido o no según quien lo mire). Claro que tenemos que hacer autocrítica, como nos piden propios y extraños, pero no se preocupen que desde la misma manera que existe una propensión natural a justificarnos con las causas externas, también de manera natural y en relación dialéctica con lo anterior, surgen los análisis sobre las causas endógenas de la crisis electoral; no es cuestión de que uno se posicione en uno u otro bando sino que todos en mayor o menor medida compartamos las causas de la derrota. Aquí tengo que hacer un inciso, me llama poderosamente la atención el hecho de que sea la prensa de derechas (cuanto mas recalcitrante peor) la que mas hincapié hace en sus análisis sobre hacia donde debe de encaminarse el PSOE, nos dan consejos y opinan sobre lo que tenemos que hacer desde posiciones interesadas; me da la impresión de que su ideal seria que el PSOE se convirtiera en un PP moderado y que este profundizara en su deriva ultraderechista (en este sentido me temo que Rajoy pronto comenzara a hacer diana de las exigencias de los medios ultramontanos).
            Es cierto que el futuro del PSOE y el de nuestro País están íntimamente ligados, de manera que de la potencia y calidad del Partido Socialista, dependerá en gran parte la potencia y calidad de la democracia española; se oye mucho dentro y fuera del partido algo cierto y necesario “el partido debe estar en permanente contacto con la sociedad”, pero esto que en principio lo que pide es la proximidad de los políticos con los ciudadanos y sus problemas, a veces se convierte en puro populismo “hay que hacer lo que la sociedad nos pide”, olvidando que un partido de izquierdas no es una mera maquinaria electoral, sino que aspira a transformar la sociedad en que vivimos en otra mas justa y solidaria; claro que queremos ganar las elecciones y que ganar las elecciones es el único camino para llevar adelante nuestros principios pero son estos (o deberían ser) la razón de nuestra existencia y quehacer político. Tengo para mí que la derrota tiene más que ver con la percepción de que nuestros “comportamientos y propuestas”* se desvían de nuestros principios, que con la idea de que hemos gestionado mal la crisis económica.
            Como saben ustedes los días 3,4 y 5 de febrero de 2012 se celebra el congreso del PSOE, desde luego no debe de ser final de etapa, sino inicio de un proceso de regeneración** y puesta apunto de un partido que aspira a gobernar y mejorar este País. Será necesario pertrecharnos ideológicamente y reflexionar sobre la deriva de la socialdemocracia en los últimos tiempos, dicha reflexión habrá que hacerla con los compañeros europeos*** , pues solo desde una mayoría de izquierdas en Europa se puede afrontar con solvencia esta crisis que empeora por momentos; la derecha que nos gobierna, aquí y allá, con cinismo irresponsable pretende resolverla cargándose el Estado del Bienestar y haciendo recaer los esfuerzos sobre el ciudadano de a pie, que ve desmoralizado como pese al coste que esta pagando y su perdida de derechos no  mejora la situación.
            Pero me estoy alargando en esta introducción, y no he tocado aún el tema de la nueva dirección federal que debe darse el Partido Socialista. Seguramente hay otras opciones posibles, pero por las razones que sean, parece que la elección del secretario general se ha polarizado entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón; ambos tienen sobrados meritos para dirigir el PSOE en los próximos años, pero claro, hay que optar por uno de los dos, ambos formaron parte del gobierno de Zapatero y ambos cumplieron como ministros, considero que Rubalcaba cumplió excepcionalmente bien y que gran parte del merito de la desaparición de ETA se le debe a él, es dialécticamente superior a Carme Chacón y da la impresión de un rigor y seriedad**** mayor que el de la exministra. Para los tiempos difíciles que vive el partido Rubalcaba me parece más solvente y capaz; en cuanto a la necesaria profundización de los principios socialdemócratas, Rubalcaba que entronca con la mejor época del partido socialista me parece más adecuado. Nadie pone en duda los meritos indiscutibles de los gobiernos de Zapatero pero si creo que dio la impresión de una cierta “ligereza”*****en sus acciones, creo que Chacón (aunque solo sea generacionalmente) es mas heredera que Rubalcaba de esa forma de hacer política. ¡Ah! se me olvidaba, en el tema de la edad me parece que Rubalcaba ofrece ventajas, no sólo por su capacidad y experiencia sino porque precisamente por su edad, y el recorrido activo que le queda, me parece el más adecuado para dirigir y encauzar el partido hacia la modernidad y el rigor ideológico que estos tiempos precisan.



* Me sorprende que algunos compañeros se sorprendan de que los electores perdonen más las corrupciones de la derecha que las nuestras.

** He usado esta palabra y omitido lo de renovación porque esta, con frecuencia, se confunde con la idea de poner dirigentes más jóvenes.

*** En algún artículo ya me he referido al daño que la tercera vía, con Tony Blair a la cabeza, ha hecho a la socialdemocracia europea.

**** Yo particularmente creo necesaria la mayor presencia del mundo científico en política frente a los que mayoritariamente proceden de la economía o del derecho (sean o no registradores de la propiedad).

***** “Moler con poco viento”, decimos por aquí.

miércoles, 11 de enero de 2012

Reflexiones de un republicano light sobre la Monarquía Parlamentaria


          Vaya por delante que por razones familiares, pero sobre todo por convencimiento ideológico, siempre me he considerado en el bando que perdió la guerra civil; mis simpatías están con los que en 1931 derrocaron la monarquía; la confluencia entre socialistas y republicanos se produjo desde 1910, y aunque no exenta de desconfianza mutua, tenía como fin el advenimiento de una verdadera democracia a España, que acabara con el secular atraso de nuestro País y cuya responsabilidad, a partir del reinado de Fernando VII, estaba asociado a la monarquía borbónica. Comprenderán ustedes, la contradicción en que estoy sumido, pues pretendo romper una lanza a favor de la monarquía parlamentaria que constitucionalmente nos hemos dado.
          En primer lugar, parece indiscutible el papel central que D. Juan Carlos jugó en la transición, lo que nos permitió pasar desde una dictadura a una democracia homologable, de manera relativamente pacífica, y dando paso al periodo más largo de progreso y paz que ha disfrutado nuestro País. Estoy convencido de que sin el trabajo de la corona no habría sido posible la transición pacífica que hemos vivido en España. A veces me parece que muchos  han olvidado los tiempos de zozobra que tuvo que superar la naciente Democracia, y en los que el Rey se ganó el respeto de los partidos herederos del bando perdedor, mientras que una parte importante de los colaboradores con el franquismo, lo consideraban un traidor. Dicho lo anterior, hay quien piensa que superada la situación de peligro y una vez consolidada la democracia, es hora de plantearse si la monarquía tiene sentido en la España del siglo XXI; naturalmente el detonante de esta situación se ha producido por el “affaire” Urdangarín que ha dado alas a quienes por alguna razón no desean la continuidad de la monarquía en nuestro país.
          Voy ahora a expresar algunas reflexiones personales sobre la cuestión, con la idea de que puedan aportar alguna luz al debate.
          Las democracias actuales se han establecido sobre dos modelos distintos, democracias presidencialistas y democracias parlamentarias. En las primeras, el jefe del estado es elegido directamente por el pueblo y tiene amplios poderes sobre el país y sobre el gobierno; es el modelo de EEUU, de casi todas las democracias americanas y de Francia; el jefe del estado no emana del parlamento y no responde ante él (salvo en situaciones muy especiales); se presta al caudillismo y a incómodas “cohabitaciones”, para su buen funcionamiento se necesita mucha madurez democrática, además de determinados controles para impedir que el presidente se perpetúe (tentación muy frecuente entre los que detentan amplios poderes), por ejemplo la limitación de mandatos y garantías de independencia de otros poderes del estado*; da lugar a personajes tan controvertidos como Chaves en Venezuela o Putin en Rusia. El otro modelo es la democracia parlamentaria donde el jefe del gobierno es elegido por el parlamento y ante él responde, pudiendo en todo momento ser removido por moción de censura cuando pierde la confianza de la cámara; el Reino Unido, España, Alemania o Italia (entre otros) son ejemplos de este modelo. Yo particularmente, prefiero la solución parlamentaria, me parece un sistema más democrático y equilibrado y con menos peligro de derivas autoritarias. Pero sigamos adelante, ¿Cómo se resuelve el tema de la jefatura del estado en las democracias parlamentarias?, hay dos posibilidades (desde luego hay razones históricas para una opción o la otra) o bien se vive en una monarquía en la que el rey ocupa la jefatura del estado, es neutral en los temas políticos y modera el necesario equilibrio entre las instituciones del estado, o bien se está en una república y las cámaras eligen al jefe del estado (caso de Alemania o Italia), dicho jefe del estado, aunque con pocos poderes, suele ser miembro del partido gobernante y su necesaria y deseable neutralidad es más discutible, además debido a su precariedad por su dependencia de la elección por el parlamento, el pueblo no identifica su figura con el estado ni se identifica con él, como ocurre con las monarquías de nuestro entorno europeo.**
          Sé que he simplificado en exceso y que no soy especialista, pero plantearlo con más profundidad, nos llevaría a análisis que sobrepasarían el espacio de un simple artículo. Resumo mi posición, soy partidario de las democracias parlamentaria frente a las presidencialistas***; dentro las parlamentarias creo que son más estables y funcionan mejor las monarquías; los ejemplos de repúblicas parlamentarias que tenemos en Europa vienen marcados por la historia y mal comportamiento de los monarcas de la época (comportamiento militarista del Kaiser y del Emperador austro-húngaro, complicidad con posiciones antidemocráticas: Alfonso XIII en España, Víctor Manuel en Italia, Constantino en Grecia etc.). Así pues, aunque su abuelo fue destronado, creo que Juan Carlos se ha ganado el aprecio y el respeto de los españoles, conciente de lo que les ocurrió a su abuelo y a su cuñado, sabe que la monarquía solo es viable en democracia, a ella se debe y por ella lucha, su papel moderador ha sido ejemplar y ha inculcado a su hijo la necesaria dedicación y profesionalidad que implica la jefatura del estado. Lo de Urdangarín no hay que sacarlo de quicio, lo único que demuestra es que todos estamos formados de barro, la casa real ha sabido reaccionar correctamente y solo nos queda dejar trabajar a la justicia. Respecto del coste económico para los españoles, no vale la pena ni hablar, no solo porque es el chocolate del loro sino que cualquier jefe de estado, seguramente nos costaría más.
          Dejémonos de debates estériles, en los que puede ser peor el remedio que la enfermedad, y sintámonos a gusto con esta monarquía, mientras cumpla con sus funciones, como ha hecho hasta ahora, que no está el País para más bromas.
          Aquí terminan estas reflexiones de un republicano en defensa de “esta” monarquía española, que para salvar su contradicción interna ha introducido lo de “Light” en el título.



*Como ocurre en algunos países como Venezuela, Nicaragua, o Rusia los presidentes modifican la constitución para permitir la reeleccion indefinidamente. En America Latina, en estos momentos y en varios países, es tremenda la persecución que desde el poder se hace a medios de comunicación no afines al presidente.

**Además del Reino Unido y España son monarquías Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega y Suecia; ninguna tiene nada que envidiar en su funcionamiento democrático a las repúblicas europeas.

***No solo por los personajes que vemos en otros lares, imagínense lo como sería Aznar (que ya se pasaba de la raya como jefe de gobierno) si hubiera sido también jefe del estado.