martes, 28 de febrero de 2012

La derecha rancia sale del baúl



          No se que les pasará a ustedes, pero la verdad es que yo tengo el alma en vilo, con esto de la llegada del PP a casi todos los poderes que en el mundo han sido. Desde luego que a mi no me engañaron y no les voté, pero no puedo decir lo mismo de unos cuantos millones de “españolitos pringados”, que pensaron que la crisis acabaría en cuanto Rajoy asomara sus barbas por Europa*; por tanto a mi, no me cogen por sorpresa ni los recortes en sanidad, ni los de educación, ni la subida de impuestos, ni la reforma laboral**. Como decía al principio me tienen con el alma en vilo, pero además estupefacto por el desparpajo y el “orgullo ultra” que desprenden sus intervenciones y sus actuaciones; lo de “orgullo ultra” lo digo por cierto paralelismo que veo con la situación de los homosexuales, hasta que los gobiernos socialistas normalizaron los derechos de los mismos, en este sentido al final propondré una expresión similar a “salir del armario” para aplicarla a la “derecha rancia”, que parecía avergonzada del pasado español no tan lejano, se han destapado y piensan que ya es hora de volver a la “normalidad”.
          La verdad es que lo está consiguiendo, el PP ha ganado en todos los frentes, se han cargado a Garzón y sus pretensiones de sacar “rojos” de las cunetas, el diccionario de la Real Academia de Historia se ratifica en que Franco no fue un dictador; hasta Rajoy parecía que vivía su mejor momento cuando dijo aquello de “me va a costar una huelga”, la verdad es que ponía cara de orgullo pues toda derecha que se precie necesita una huelga general, aunque para desafiante el ministro Luis de Guindos, cuando con carita de arrobo, dijo aquello de que la reforma laboral iba a ser “muy agresiva”. Se consideran con derecho a agredir y luego si los trabajadores y sindicatos anuncian acciones en defensa de sus derechos, vuelven a hablar de extremistas radicales y bolcheviques. Se están pasando tres pueblos, pero ellos siguen más chulos que un ocho llamando enemigos a los estudiantes y aplicando “jarabe de palo” como en épocas pretéritas, para que se sepa que hay un “nuevo orden”. Además ya trabajan descaradamente para el futuro, están desmontando el Estado del Bienestar y pertrechando al empresariado para después de la crisis con la reforma laboral, tienen el cinismo de mentir diciendo que abaratando el despido se acaba con el paro y aún pretenden que la “vaselina” la paguen los trabajadores.
          Por lo dicho anteriormente (y lo que me queda en el tintero) y esta nueva actitud de vanagloriarse sonrientes*** de apretar las clavijas a los españolitos de a pié, para demostrar quien manda en este país camino de cambiar su nombre por Gurteland,  propongo (inspirado en una vieja canción de Karina en la que buscaba recuerdos) la expresión “salir del baúl”, para aplicarla al destape de la derecha. Mientras tanto, amigos lectores, aprontémonos para después de las elecciones andaluzas. He de confesar que tengo la esperanza de que ese pueblo sabio comience a borrarles la sonrisa de su cara.



*Nos consta que hace sus esfuerzos diciendo si bwna a la señora Merkel.

**Faltaría más, que hagan vida sana y si enferman que paguen el médico como hacen ellos, con las 4 reglas van que se matan no sea que les de por pensar, lo de la reforma laboral caía por su propio peso “ya está bien de vivir del cuento”.

***Ya está bien de tanta alegría con la que está cayendo, visto además lo de Gúrtel,  Barcenas, Camps, Fabra, Matas etc. no puedo evitar pensar que se ríen de nosotros.         

miércoles, 15 de febrero de 2012

Sobre Baltazar Garzón y la justicia española



          Decía yo, en el anterior artículo del blog, que el sentimiento que me embargaba al recordar el periodo franquista, era una mezcla de irritación y vergüenza; irritación por lo que la figura del general significó, en cuanto a perdida de oportunidades de varias generaciones de españoles, por la  represión y crueldad con que trato a los vencidos y por el atraso a que sometió a todo un país, que no pudo vivir en libertad y democracia sino a partir del ultimo cuarto del siglo XX; el otro sentimiento era de vergüenza por sentirme menospreciado (yo y todos los españoles) por todos los países democráticos, que veían en España el último reducto del fascismo, derrotado en la 2ª guerra mundial. Acabar con la imagen de siglos de enfrentamientos cainitas, ser homologados y aceptados por la comunidad internacional, ha costado muchos años de esfuerzo de todos para la convivencia y modernización en este País. Cuando ya creía superadas las causas de esos sentimientos, me vuelven a sumergir en los mismos; la crisis económica que nunca termina, las medidas tomadas por el nuevo Gobierno del PP, las declaraciones de algunos políticos de derecha, el desparpajo de los medios “ultra”, parecen llevarnos a un deterioro generalizado de libertades y derechos que pone en entredicho nuestra “calidad democrática”, la guinda de esta situación la han puesto los procesamientos y condena (de momento, la primera*) al juez (ya ex) Baltazar Garzón.
          En un estado de derecho, el buen funcionamiento de la Justicia es condición “sine qua non”, en este País y en esta materia, queda mucho camino que recorrer. Es cierto que hay causas objetivas externas que impiden un funcionamiento óptimo de la misma (escasez de medios, obsolescencia de los procedimientos etc.), pero hay otras de tipo interno que hacen que la justicia en este País no viva sus mejores momentos; todos nos hemos escandalizado más de una vez, con determinadas resoluciones y fallos judiciales que han saltado a los medios de comunicación, con más frecuencia de lo deseable, por lo “pintorescas”, sin que por parte del Consejo General del Poder Judicial se tomaran verdaderas medidas sancionadoras (en algún caso, ridículas multas que hacen enrojecer al más curtido). Si a todo esto, unimos el lamentable espectáculo que ha dado el PP, en la última legislatura**, saboteando la necesaria y reglamentaria renovación de los máximos tribunales de este País, comprenderán ustedes que el ciudadano de a pié, tenga la impresión de que la justicia no es neutral, que sirve y se sirve de la política y que el resultado de tal o cual pleito depende excesivamente del tribunal que le toque en suerte.
          Pues bien, en esta estábamos, cuando la conjunción de elementos reaccionarios e integristas con odios sarracenos inter-judiciales, ha conseguido encausar a Baltazar Garzón nada menos que en 3 procedimientos simultáneos. Independientemente de que sus actuaciones se puedan discutir, nadie le podrá negar su valentía y la notoriedad alcanzada en ámbitos nacionales e internacionales en la defensa de causas justas y ciudadanos ninguneados; ha “repartido” a diestra y siniestra, y si realmente se ha excedido, mecanismos habrá para corregir y encausar sus actuaciones, que por otro lado  han sido refrendadas por otros juristas. Su condena parece producto de envidias y venganza de quienes desde posiciones asépticas consideran que los jueces no deben mezclarse en los problemas y frustraciones del común de los mortales.
          Con esta condena y en aras de prejuicios, se ha dilapidado a borbotones la imagen (ya de por sí deteriorada) de objetividad que debe acompañar la elevada función, que la sociedad ha atribuido a la justicia; mi impresión es que el ciudadano (y posible justiciable) ha perdido parte del respeto reverencial que sentía hacia los jueces, siendo sustituido, en la misma medida, por miedo cerval a caer en procedimientos judiciales. Se ha deteriorado, además, la imagen global del país, ya algunos ponen en duda la fiabilidad democrática de España y vuelven a mirarnos por encima del hombro pensando que este País no tiene remedio***.
          De cualquier modo, no debemos generalizar ni caer en el pesimismo, yo espero que cuando poco a poco las nuevas generaciones de jueces, formados en la España democrática, vayan copando los puestos de los tribunales de mayor rango, irá perdiendo vigencia la afirmación del exalcalde de Jerez, Pedro Pacheco cuando dijo aquello de que “El funcionamiento de la justicia en este País es un cachondeo” y usted que lo vea.



*Sorprende el rigor de la pena (que lo aparta definitivamente de la carrera judicial), frente a la tolerancia con otras actuaciones de jueces, supongo que habría que acusar también de prevaricación a todos los jueces y fiscales que justificaron (y justifican) sus actuaciones.
**Ellos, que no dudaron en poner en entredicho a la Justicia y otras Instituciones, cuando no apoyaban sus intereses, ahora hablan del necesario respeto a la Justicia y de la urgencia de renovar los miembros de los altos organismos del Estado que lo precisan.
***Aún nos extrañamos de que los guiñoles de la TV francesa atribuyan al doping los éxitos deportivos españoles, todo forma parte de lo mismo, no nos toman en serio.
       

miércoles, 1 de febrero de 2012

Sobre Manuel Fraga



          No es que tenga especial interés en recordar la figura del “General” que durante 40 años gobernó este País; si quieren que les diga la verdad, el sentimiento que me produce su figura pintoresca es una mezcla de irritación y vergüenza. Pero no hay manera, 36 años después de su muerte, nos asaltan noticias que de que el negro periodo del franquismo aún nos persigue. Estos días han ocurrido varios hechos que me llevan al “túnel del tiempo”, uno la muerte de Fraga, otro el juicio (o mejor dicho, los juicios) al juez Baltazar Garzón, otros más difusos, declaraciones de obispos, reformas en la justicia, robos de niños etc. Tal como se están planteando estos hechos, me hacen reafirmar en la creencia de que a pesar de la muerte de Franco, hace ya bastante tiempo, aún queda bastante franquismo sociológico en este País. A alguno de estos temas dedicaré otros comentarios, hoy me voy a referir al fallecimiento de Fraga.
          A los 89 años murió, hace unos días, Manuel Fraga Iribarne, al que sin duda hay que reconocer su aportación al advenimiento y consolidación de la democracia en España, sobre todo al actuar como dique de contención al “búnker” franquista, muy activo tras la muerte del dictador. Su quehacer político estuvo marcado por su carácter fuerte y autoritario; su capacidad de trabajo, su dedicación, su honradez personal y su sinceridad, me parecen lo más valorable de su figura atípica; lo más obscuro, su pasado franquista y su complicidad, como ministro, de hechos y situaciones de aquella época negra*. Creo que su “viaje” desde el franquismo a la aceptación de la democracia fue real y sincero, su trayectoria me merece más respeto que la de algunos que parecen estar deseando hacer el viaje en sentido inverso. Espero que la Historia sea benévola con él, pero de ahí a que se lo presente (pese a la inevitable indulgencia con los fallecidos) como un héroe defensor de la democracia y las libertades, hay un buen trecho que no se lo saltan ni 300 gaiteros.



*Supongo que para una personalidad como la suya era difícil reconocer su error, pero es que siguió defendiendo al general, del que decía que había sido un gran estadista (!!!)