Pido
disculpas a los lectores por mi tardanza en escribir en el blog, pero a la
usual pereza canicular (con un pequeño viaje a Portugal) se une el hastío que
me produce esta situación de caída en barrena, a que propios y extraños están llevando
a nuestro País. La verdad es que me pasa como a muchos españoles, que temen oír
la radio o leer el periódico cada mañana porque saben que las noticias van a
ser peores que ayer pero mejores que mañana. Tenía la esperanza de que la desconexión
veraniega iba a resolverme, como por ensalmo, la situación de angustia a que
nos someten la situación europea y el desgobierno de Marino Rajoy. Pero no,
nada de eso, la pesadilla continua y la incompetencia de nuestros gobernantes
sigue ahí. Para expresar esta sensación de impotencia y desconcierto, he
acudido a parafrasear a Monterroso*, en el título de este pequeño artículo, que
lo único que quiere es anunciar que me incorporo nuevamente al blog y que mi estado de ánimo lejos de mejorar con
el verano, empeora por momentos.
No
sé si hemos traspasado el punto de no retorno pero me niego a aceptar que
inevitablemente nos iremos al carajo. Tengo aun la esperanza de que en Europa
(ya que desde dentro no hemos hecho más que empeorar la situación) alguien sea consciente
de que la ayuda a España es imprescindible si se quiere mantener ese bonito
sueño que se llama Europa.
*Augusto Monterroso (1921-2003)
este escritor centroamericano y premio Príncipe de Asturias de las Letras,
escribió un micro-cuento que pasa por ser uno de los más cortos de la historia
de la literatura: “Cuando se despertó,
el dinosaurio todavía estaba allí”.