jueves, 27 de junio de 2013

En la muerte de Florencio Suárez

          El pasado día 5 de Junio, nos dejó Florencio Suárez Rodríguez, el que fuera alcalde de Tías entre los años 1983 y 1995. Llevaba la carga de su grave enfermedad desde hacía varios años de manera ejemplar, y su muerte, no por esperada fue menos sentida por los ciudadanos de Lanzarote*, muchos de los cuales acudieron a despedirlo a su capilla ardiente.
          Conocí a Florencio en 1979, cuando encabezaba como independiente la lista electoral que el PSOE presentó en Tías, forjado en el movimiento ciudadano, quiso entrar en política para mejorar la situación de los vecinos de su municipio; después de 4 años en la oposición fue alcalde a partir de las elecciones municipales de 1983 hasta 1995, en este año deja la lista del ayuntamiento y va al Cabildo Insular, aquí tuve el privilegio de compartir con él sitio en el pleno de la corporación, cuando en 1997 el PSOE pasa a gobernar, Florencio se hace cargo de la consejería de Sanidad y Servicios Sociales, donde hace una magnífica gestión**,una vez retirado de la primera línea política en 1999, continué viéndolo en cuantas reuniones o actos convocara el Partido Socialista. Este artículo, tiene más que ver con su ejemplo de vida y compromiso, que con la admiración y el aprecio personal que le tenía, después de tantos años de trato.
          Florencio nace en San Bartolomé a finales de 1939, en una familia de campesinos y en unos tiempos muy duros para todos, se queda huérfano de padre y madre a los 4 años y unos primos de la madre se hacen cargo de él y lo crían en el municipio de Tías. Nadie habría previsto por entonces, que aquel muchacho estaba destinado a ser el mejor alcalde que ha tenido la Isla (no solo del pueblo de Tías), desde que se recuperó la democracia en España. Solo su voluntad de hierro y su compromiso de lucha por una sociedad más justa, lo salvaron de un destino gris, al que parecía condenado, por su origen humilde, en aquella España de la posguerra. De joven, trabajó en la agricultura y como pastor de cabras, después de la “mili” trabajó de albañil en Tenerife, allí se preparó para sacar el carné de conducir, después de una breve estancia en África regresa a Lanzarote donde se compra una furgoneta para dedicarse al trasporte, por último consigue una licencia de taxi y como taxista se consideró a sí mismo hasta el final de su vida laboral.
          Las personas pueden llegar a comprometerse con el socialismo por muchas razones. En el caso de Florencio estoy convencido de que mucho tuvo que ver con las injustas desigualdades que vivió de joven y en su empeño de que todos los seres humanos tuvieran las mismas oportunidades; por eso gran parte de su acción política (él que solo tuvo estudios de primaria como formación reglada) la empleó en elevar el nivel cultural, educativo y social de su pueblo. Todo esto lo hacia sin aspavientos, luchando sin pausa, día a día desde el amanecer, exigente con todos (pero sin exigir a los demás, más de lo que se exigía a si mismo); convencido de lo que tenía que hacer, pensando en el futuro, como albañil que fue, sabía que tenía que fortalecer los cimientos para luego alzar el edificio. Hoy  Tías es sin duda el municipio de la Isla, gracias a él, con mejores equipamientos comunitarios; supo y quiso aprovechar la bonanza económica que generaba la zona turística, para mejorar las condiciones de cada uno de los barrios y de sus vecinos.
          No sé si somos conscientes de la suerte que hemos tenido los lanzaroteño con que Florencio fuera elegido alcalde de Tías. Cuando llega a la alcaldía en 1983, la costa de Tías era el enclave turístico más importante de Lanzarote, si vemos cual ha sido la evolución los municipios turísticos y los casos de corrupción ligados al urbanismo que salpican toda la geografía española (y por supuesto la insular), apreciamos con mejor perspectiva la grandeza de su figura. La firmeza de sus convicciones, su sentido común y su honestidad a prueba de bombas, fueron las armas que empleó en la defensa del interés general en contra de las dificultades que le plantearon (y no fueron pocas). Cuando dejó la política y se reincorporó a su taxi, lo hizo con la satisfacción de saberse querido por su pueblo y con su prestigio inmaculado. En estos tiempos, en que los escándalos de corrupción ocupan las primeras páginas de los diarios, y que entre la población comienza a extenderse la falsa idea de que todos los políticos son iguales, que llegan a los cargos con el fin de colmar ambiciones y enriquecerse personalmente, desde Lanzarote podemos decir que no, que efectivamente hay mucho sinvergüenza en política, pero que también hay personas que como Florencio solo se mueven por convicciones y la mejora de la calidad de vida de sus vecinos; ahora que ya no está entre nosotros, solo nos cabe esperar que el ejemplo de Florencio, como alcalde y como persona, sirva de guía a quienes se decidan a entrar en política.
          Reciban su viuda Lita y sus tres hijos Florencio, María Consuelo y Pedro, mi solidaridad en estos momentos difíciles, espero que les sirva de consuelo saber que se fue con el cariño y respeto de todos; yo además confieso mi orgullo por haber conocido a un hombre bueno, un político intachable y un socialista ejemplar.




*Apenas una semana antes, el Ayuntamiento de Tías culminó la feliz iniciativa de rendirle un homenaje y nombrarlo hijo adoptivo del municipio, fue su ultimo acto público.

**Como consejero del Cabildo afrontó con entusiasmo la tarea de modernizar el Hospital Insular, reestructuro los Servicios Sociales, separándolos de Sanidad; le quedó la pena de no ver cumplida su aspiración de construir un nuevo hospital, en cuyo proyecto puso muchas ilusiones.