sábado, 22 de marzo de 2014

Sobre la crisis de Ucrania. Sobre las "estirpes" de Rajoy

          Cuando el pasado 25 de febrero comenzó el debate sobre “el estado de la Nación 2014”, pensaba que nada de lo que se dijera iba a espantarme demasiado después de lo que hemos vivido estos últimos años; lo esperado, según Rajoy vamos con la economía viento en popa, lo que ocurre es que la poco patriótica oposición no quiere reconocerlo, ya no quedan sino problemillas menores que, confíen en mí, se irán corrigiendo. Vamos…,más del mismo triunfalismo del que hacen gala por la mejora de algunos índices “macroeconómicos” que se está produciendo en toda Europa. Pues bien, seguía la intervención de Rubalcaba, cuando saltó a la palestra un artículo de Rajoy en “El Faro de Vigo” allá por 1983, que me puso los pelos de punta; tuve ocasión posteriormente de leerlo completo y no tiene desperdicio, es un alegato racista defendiendo la desigualdad como algo natural y habla de las “buenas estirpes” que se merecen todo y las “malas estirpes” que están bien como están porque nada se merecen; todo esto escrito en un tono pseudocientífico que firmarían cualquiera de los líderes de la extrema derecha europea. Para mí, que está en la tradición de obras como “Mein Kampf” o de la película “Raza” cuyo guión era del gallego de triste memoria. Se me podrá decir que fue una locura de juventud, pero es que en 1983 tenía 28 años, era registrador de la propiedad, y Presidente de la Diputación Provincial de Pontevedra; seguramente artículos como este le ayudaron a progresar dentro de su partido, al mostrar, desde el primer momento el pensamiento del que estaba llamado a liderar la derecha de este País. La verdad es que visto el artículo se explica uno las decisiones que toma el Gobierno restringiendo libertades y derechos ciudadanos, está claro que a la inmensa mayoría de los españoles nos consideran de “baja estirpe”.
          Quiero a continuación hacer algunas reflexiones sobre el tema que ocupa desde hace días la información internacional: la crisis de Ucrania y Crimea. Estoy sorprendido de que mi opinión, por lo que veo en los medios, sea minoritaria. Creo que se sataniza la posición de Rusia, sin que nadie haga la menor autocrítica sobre las actuaciones de EEUU y la Unión Europea. Pienso que los límites de la actual República de Ucrania son producto de los momentos de debilidad y desconcierto que rodearon la desintegración de la URSS; aún estoy sorprendido de la aceptación por parte de Rusia, en su momento, de la independencia de países como Ucrania o Bielorrusia. Reconozco mi ignorancia, pero siempre creí que gran parte de la rica cultura rusa tenía mucho que ver con Kiev y el este de la actual Ucrania. No niego el derecho a Ucrania de existir como estado independiente, pero estarán conmigo en que las fronteras de Centroeuropa han sido siempre muy cambiantes, cuando no artificiales productos de los conflictos bélicos que desde los siglos XVII al XX vienen teniendo lugar en esa zona; mientras existió la Unión Soviética, todos estaban en el “mismo saco” y no se manifestaban claramente las tendencias centrifugas y centrípetas que conviven en la zona. Desde luego no seré yo quien considere a la Federación Rusa una democracia ejemplar (ni tampoco a Ucrania y otros países surgidos de la extinta URRSS) y los tintes autoritarios del presidente Putin son innegables, pero al margen de ello, entiendo perfectamente que desde Rusia se vea como una amenaza las actuaciones de la Unión Europea tratando de atraer a Ucrania hacia su influencia; el caso de Crimea es aún más sangrante, pues una decisión de Nikita Kruschev (muy ligado desde siempre a Ucrania) en el año 1954 hizo que la península de mayoría rusa y hasta entonces territorio ruso, pasara a depender administrativamente de la Republica Soviética de Ucrania, parecía evidente que además de la unión sentimental del pueblo ruso con Crimea (y viceversa), Putin no iba a tolerar que se pusieran en peligro los intereses militares y estratégicos que Rusia tiene en la península. Así que a mi parecer los que “metieron la pata hasta el corbejón” fueron los gobiernos de la Unión Europea*, pues parecía cantado cuales iban a ser las consecuencias. Así que menos lamentos y más sensatez en las medidas que se tomen, den por perdida Crimea y procuren que no ocurra lo mismo con las provincias orientales de Ucrania, donde hay una importante población filorrusa. Así que mucha prudencia y menos hipocresía cuando se acepto (y promovió) en Kosovo lo que ahora se condena en Crimea. Hay quien quiere ver un cierto paralelismo entre Crimea y Cataluña, creo que es un disparate, en Crimea realmente se ha producido un referéndum de anexión a Rusia, y hablamos de una pertenencia a Ucrania como mucho desde 1954, mientras que Cataluña fue parte constitutiva de lo que hoy llamamos España hace 500 años. Las declaraciones del Sr. Margallo, estableciendo ese paralelismo (supongo que quería remarcar que la Unión Europea no apoyaba el referéndum, pero peor me lo pone porque en Crimea no hay marcha atrás) me parecen un patinazo impropio de todo un Ministro de Asuntos Exteriores.




*Es de Perogrullo decir que Alemania lidera a Europa, pero he de confesar que cuando Alemania se mueve en política exterior, se me ponen los pelos de punta, pues me viene a la cabeza que fue, en gran parte, la responsable de la desintegración de Yugoslavia y posterior guerra, cuando facilitó la independencia de Eslovenia; me temo que en Alemania hay una cierta “querencia” por los países, que en su día, formaron parte de los Imperios Centrales (Eslovenia y Croacia eran parte del Imperio Austro-Húngaro) desaparecidos después de la “Gran Guerra”, de la que ahora conmemoramos un siglo de su comienzo y cuyas consecuencias aún nos llegan.