martes, 2 de junio de 2015

Las elecciones del 24 de Mayo (1)

        Venzo mi pereza habitual, sin duda fruto del escaso número de lectores que me siguen y me pongo a escribir algunas reflexiones personales sobre los resultados de las elecciones locales y autonómicas del pasado 24 de Mayo, la ocasión lo merece.
            La primera reflexión es sobre algo que vengo observando desde las pasadas Elecciones Andaluzas y que se confirma en las del 24 de Mayo. Si uno oye los comentarios de los dirigentes “populares” ante el batacazo electoral producido en ambas, da la impresión de que no acaban de creerse lo ocurrido, parecen perplejos por el castigo recibido, según ellos es debido al desconocimiento e incomprensión de la ciudadanía, hacia lo que consideran una “magnífica labor de gobierno” (!!). Seguimos con un paro insoportable, nos han empobrecido en un 30%, socavado el Estado del Bienestar, limitado derechos y libertades, e irritado gratuitamente a colectivos de todo tipo y a territorios del Estado. Vamos, que llevan mas de 3 años castigando el “esfínter anal” de los “españolitos de a pié” y siguen sin entender la ingratitud mostrada por los electores. Si quieren que les diga la verdad, para perplejidad la mía, que no entiendo como después de lo ocurrido y del “mamonéo” generalizado en que parecen chapotear, conserven aún el 27% de los votos.
            Otra cosa para mí sorprendente, ha sido la elevada abstención, que superó la de las locales anteriores, y ésto cuando la oferta al elector ha sido muy amplia, no solo por Podemos y Ciudadanos sino por la multitud de partidos locales y vecinales que se han presentado en muchos pueblos del País (como ejemplo aquí en Lanzarote tenemos un municipio de 17 concejales en el que han tenido representación 8 grupos), pero retomemos el hilo inicial, lo preocupante de la alta abstención, siempre negativa, es que no se trata de una abstención fruto de un sistema equilibrado en el que el ciudadano se siente más o menos satisfecho, al contrario, en las circunstancias que se viven en el País, parece que proceda de un cierto fatalismo de una población pesimista y descreída que piensa que vote lo que vote, las cosas se resuelven o no, por sí solas. Esta deriva peligrosa aleja a la población de la política y la democracia; los partidos progresistas, emergentes o no, deben ser los llamados a reflexionar sobre el asunto y convencer a los ciudadanos de que, con sus defectos, la democracia es el único marco para la defensa de derechos y libertades y para un progreso económico justo, y la democracia, aunque no solo, se ejerce votando,
            Parece que los partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, han venido para quedarse, habrá que ver como evoluciona el nuevo escenario político. De momento no han logrado romper el nivel de abstencionismo, algo que yo esperaba y deseaba, han obtenido unos buenos resultados pero no parece que hayan capitalizado todo el desencanto de la ciudadanía. Desde el respeto que me merecen como revulsivo del panorama político y como cauce democrático de la indignación popular, voy a dar algunas opiniones personales, ambos partidos parecen salidos de “laboratorios” donde alguien con “escuadra y cartabón” los diseñó, me temo que no tanto para cambiar el mundo, como para recoger una buena cosecha de votos, aunque se me puede decir y con razón que lo segundo es necesario para lo primero. Bienvenido el partido Ciudadanos si logran “civilizar” a la derecha española y llevarla por derroteros más acordes con el siglo XXI; pero que quieren que les diga, la “monopresencia” de Albert Ribera y algunas de sus ocurrencias, me hacen temer que con el tiempo acaben absorbidos por la derecha de “pelo en pecho”, pero no pierdo la esperanza de que logren acabar con los tics preconstitucionales del PP y su olor a sacristía. Con Podemos tengo una relación ambivalente, por un lado tienen mi simpatía en cuanto movimiento de izquierdas que surge como revulsivo en la crisis de los partidos. Tienen lideres jóvenes que son buenos oradores y polemistas y creo que han obtenido muy buenos resultados en las elecciones del 24-V, de lo que ocurra a partir de ahora dependerán sus posibilidades en las elecciones generales. No me ha gustado lo que me ha parecido un estudiado minado y zapa de IU, ni su afán por cubrir todo el espectro electoral, desde la izquierda extrema hasta el centro. Como soy un viejo socialista, además de un socialista viejo, Pablo Iglesias me produce una cierta desconfianza por actitudes próximas al “centralismo democrático” y por la extracción universitaria de su partido, pues corren el peligro (siempre latente, en la izquierda elitista) de estar convencidos de tener la razón y por tanto la legitimidad de las decisiones, rompiendo la necesaria dialéctica entre los dirigentes y los ciudadanos objeto y fin de la acción partidaria, creo que en este sentido va la misma desconfianza que de alguna manera ha manifestado uno de sus fundadores el Sr. Monedero. Como me he alargado en el artículo, prometo una segunda entrega sobre los resultados en Lanzarote y Canarias.