Venzo mi pereza habitual, sin duda fruto del
escaso número de lectores que me siguen y me pongo a escribir algunas
reflexiones personales sobre los resultados de las elecciones locales y
autonómicas del pasado 24 de Mayo, la ocasión lo merece.
La
primera reflexión es sobre algo que vengo observando desde las pasadas
Elecciones Andaluzas y que se confirma en las del 24 de Mayo. Si uno oye los
comentarios de los dirigentes “populares” ante el batacazo electoral producido
en ambas, da la impresión de que no acaban de creerse lo ocurrido, parecen
perplejos por el castigo recibido, según ellos es debido al desconocimiento e
incomprensión de la ciudadanía, hacia lo que consideran una “magnífica labor de
gobierno” (!!). Seguimos con un paro insoportable, nos han empobrecido en un
30%, socavado el Estado del Bienestar, limitado derechos y libertades, e
irritado gratuitamente a colectivos de todo tipo y a territorios del Estado.
Vamos, que llevan mas de 3 años castigando el “esfínter anal” de los “españolitos
de a pié” y siguen sin entender la ingratitud mostrada por los electores. Si
quieren que les diga la verdad, para perplejidad la mía, que no entiendo como
después de lo ocurrido y del “mamonéo” generalizado en que parecen chapotear,
conserven aún el 27% de los votos.
Otra
cosa para mí sorprendente, ha sido la elevada abstención, que superó la de las
locales anteriores, y ésto cuando la oferta al elector ha sido muy amplia, no
solo por Podemos y Ciudadanos sino por la multitud de partidos locales y
vecinales que se han presentado en muchos pueblos del País (como ejemplo aquí
en Lanzarote tenemos un municipio de 17 concejales en el que han tenido
representación 8 grupos), pero retomemos el hilo inicial, lo preocupante de la
alta abstención, siempre negativa, es que no se trata de una abstención fruto
de un sistema equilibrado en el que el ciudadano se siente más o menos
satisfecho, al contrario, en las circunstancias que se viven en el País, parece
que proceda de un cierto fatalismo de una población pesimista y descreída que
piensa que vote lo que vote, las cosas se resuelven o no, por sí solas. Esta
deriva peligrosa aleja a la población de la política y la democracia; los
partidos progresistas, emergentes o no, deben ser los llamados a reflexionar
sobre el asunto y convencer a los ciudadanos de que, con sus defectos, la
democracia es el único marco para la defensa de derechos y libertades y para un
progreso económico justo, y la democracia, aunque no solo, se ejerce votando,
Parece que los partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, han venido para
quedarse, habrá que ver como evoluciona el nuevo escenario político. De momento
no han logrado romper el nivel de abstencionismo, algo que yo esperaba y
deseaba, han obtenido unos buenos resultados pero no parece que hayan
capitalizado todo el desencanto de la ciudadanía. Desde el respeto que me
merecen como revulsivo del panorama político y como cauce democrático de la
indignación popular, voy a dar algunas opiniones personales, ambos partidos
parecen salidos de “laboratorios” donde alguien con “escuadra y cartabón” los
diseñó, me temo que no tanto para cambiar el mundo, como para recoger una buena
cosecha de votos, aunque se me puede decir y con razón que lo segundo es
necesario para lo primero. Bienvenido el partido Ciudadanos si logran
“civilizar” a la derecha española y llevarla por derroteros más acordes con el
siglo XXI; pero que quieren que les diga, la “monopresencia” de Albert Ribera y
algunas de sus ocurrencias, me hacen temer que con el tiempo acaben absorbidos
por la derecha de “pelo en pecho”, pero no pierdo la esperanza de que logren
acabar con los tics preconstitucionales del PP y su olor a sacristía. Con
Podemos tengo una relación ambivalente, por un lado tienen mi simpatía en cuanto
movimiento de izquierdas que surge como revulsivo en la crisis de los partidos.
Tienen lideres jóvenes que son buenos oradores y polemistas y creo que han
obtenido muy buenos resultados en las elecciones del 24-V, de lo que ocurra a
partir de ahora dependerán sus posibilidades en las elecciones generales. No me
ha gustado lo que me ha parecido un estudiado minado y zapa de IU, ni su afán
por cubrir todo el espectro electoral, desde la izquierda extrema hasta el
centro. Como soy un viejo socialista, además de un socialista viejo, Pablo
Iglesias me produce una cierta desconfianza por actitudes próximas al
“centralismo democrático” y por la extracción universitaria de su partido, pues
corren el peligro (siempre latente, en la izquierda elitista) de estar
convencidos de tener la razón y por tanto la legitimidad de las decisiones,
rompiendo la necesaria dialéctica entre los dirigentes y los ciudadanos objeto
y fin de la acción partidaria, creo que en este sentido va la misma
desconfianza que de alguna manera ha manifestado uno de sus fundadores el Sr.
Monedero. Como me he alargado en el artículo, prometo una segunda entrega sobre
los resultados en Lanzarote y Canarias.